Hace calor y hace elecciones. ¿Dónde nos metemos para que no nos caigan a plomo sobre nuestros cuerpos al completo? Sí, desde luego que una Passivhaus es siempre una muy buena opción, pero hablemos de otra cosa antes.

Hablemos de como arquitectura, diseño e interfaces interactúan en la ciudad. Y como lo hace la política con sus lonas-burka electorales –al menos en Madrid-. Va de suyo que aquí no nos interesa los contenidos políticos de las lonas. Nuestra intención es comparar el uso programático del edificio como soporte electoral, aprovechando que hay un andamio o un edificio deshabitado o en obras. El programa, vaya.

Programa (o anti-programa) es un concepto importante en arquitectura o urbanismo. También en política.

Programa (o anti-programa) es un concepto importante en arquitectura o urbanismo. También en política. Es la palabra sobre la que pivota el núcleo de la interacción que el edificio producirá. Ya sea interna o externamente:

El programa es la imagen (prescriptiva, diagnóstica, analítica) de cómo un campo de interfaces se une en un sistema activo específico (…) En arquitectura, programa es el guion que enmarca cómo los habitantes se involucrarán con un sistema espacial a lo largo del tiempo, o durante un día, o simplemente de un lugar a otro. (Bratton, 2008. p. 21).

Hoy, programa significa más que nunca atender a la interacción resultante antes incluso que al propio edificio en sí mismo. Porque parece que el modelo histórico de la auto-conciencia está siendo desplazado por modelos biológicos y cibernéticos a velocidad de vértigo (léase información y descarbonización, como ya dijo en el 2000 la UE en el famoso dictum de Lisboa). Y esta convivencia de los tres modelos –auto-conciencia, biología y computación- está por esclarecerse. Aunque sí parece que el grado de flexibilidad, adaptabilidad y recomposición que supone para la ciudad entera no está siendo pequeño. Es una organización no de la política, sino de la vida. Y este es el punto de la lona. El grito apremiante de cada una de las entidades-lona que las proponen. Un grito así no es apto para soportes electorales convencionales, no caben en ellos.

El edificio –y los coches- son la imagen más tangible para las personas del cambio de organización de la vida que nos impacta y hasta nos golpea. Da idea de como el rango de la interacción -¡de la interfaz a gobernar!- se ha ampliado hasta tal punto que jamás se planteó de modo tan directo la interacción edificio-ciudad-planeta. Y la vamos “en haciendo”, performativamente. Palabro este que indica realizativamente, esto es, se produce cuando se hace, no antes, ni después. Se produce cuando se da, cuando interactúa.  De ahí la importancia de pensar la interacción para la arquitectura y el rango de incertidumbre que hoy supone, porque no sabemos a priori, cuando ni como se dará una de las muchas interacciones posibles en la ciudad. No sabemos cuál será el orden u órdenes morales que operen in situ.

La lona aparece de ese modo, no sabemos cuándo ni cómo y, de repente, aparece. Sobre los edificios. Tiene que ser el edificio, que es un modelo de organización por antonomasia. ¿Sabían esto los estudios de urbanismo, los ayuntamientos, los ciudadanos? El “uso lona”, el “significado-uso-lona”, su guerra de moralidades (o moralinas). Para el edificio y los ciudadanos es una imposición de tamaño ajeno a su propia escala. Una inesperada interacción distinta a la que estaba pensada esa parte de la ciudad. Y el edificio es soporte sí o sí, y el ciudadano lo ve sí o sí. No hay por donde escaparse.

Al cabo, lo que decimos es que el formato “lona-burka sobre el edificio” es un acto realizativo donde converge una interacción en bruto y al por mayor. En este caso, en beneficio de la comunicación política que dice que esa lona no es una simple imagen del mundo sino una intervención directa en él. Es ruda, contrasta y destaca porque es una intervención que nos saca sin miramientos del mundo-sofware en el que vivimos. Es deíctica. Dice: “ahí”, “eso”, “ahora”. ¡Ya, pero qué dice?, y qué importa lo que diga.

Como toda imagen, la lona quiere revertir la interacción entre nosotros y el mundo y nos dice “mírate a ti mismo en esta lona que te pongo delante”.

Como toda imagen, quiere revertir la interacción entre nosotros y el mundo y nos dice “mírate a ti mismo en esta lona que te pongo delante”. En el fondo, esas maneras ¿no son una confesión de impotencia de la política? Bueno, esta es una pregunta para otro tipo de foro. Ahora, subrayemos simplemente que a los edificios les pasan muchas cosas para las que funcionalmente no estaban programados.

Y terminemos, como estamos en este foro, permitidnos por favor que digamos una última palabra sobre Passivhaus. Passivhaus trata de hacer razonable el que, dentro y fuera de la casa, la interacción física que se produzca sea estable, predecible, un “habitus”. ¡Ojo!, la interacción física, y las que de ella se deriven (confort, salud, etc.). Porque, como se ve, muchas otras cosas inesperadas suceden dentro y fuera del edificio.

Luis.

Imagen: montaje sobre una foto tomada de www.ulmaconstruction.es

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